Espectadores de lo pútrido, público de lo innombrable y protagonistas de lo inmundo. Tránsfuga. Transan-tránsfuga. Si no entiende lo que quiere decir, no se sienta estúpido, aun siéndolo con letra mayúscula. Provisto de una pésima educación, agradézcale al Estado su nula comprensión de lo más elemental, sus mínimos atisbos de sentido común. Ciertamente Dios, el Supremo espectador, le habrá dado otras cosas, aunque generalmente les pasa pan a los desdentados y yogur a los intolerantes a la lactosa. Tránsfuga quiere decir traidor, vende patria. Pero por más mandril que usted sea, algo tiene; su dignidad. Y ésta ha sido violada por, déjeme pensar en algo asqueroso... ya sé, Spiniak y Zacarach juntas, el par de yeguas locas de la conche su madre. Sí, señora Juanita. Sí, Faúndez, vos huevón, el pelotas del celular. Sí don Fulanito y Periquito los Palotes. Os han culiado sin condón en un hospital de orates con sida y ahora les dicen que no pasa nada. Querido público, póngale un límite a vuestra capacidad de ser huevón. No abuse de su estupidez. Por ejemplo, hace poco este espectador de lo ignominioso escuchó al ex ministro de Transporte aclarando toda esta mierda de las micros mal paridas. Sus argumentos eran epifánicos y reveladores. Su oratoria se experimentaba como una danza de la lucidez: su hablar calmado, su elegancia y parsimonia. Era una redención a la inteligencia y un himno al carácter. Su envidiable sentido humano le hacía repetir que él no venía a eximirse o a señalar culpables. Lo decía una y otra vez para dejárnoslo claro, él, que no es un traidor, que no es un transan-tránsfuga. Reiteraba que no venía a evadir ninguna culpa. Tediosamente. Majaderamente. Empelotantemente. Lo único que yo no lograba entender, por más que exigía a esa pobre neurona mía, Sonia la única, era cómo chucha este huevón no está preso. O hablando toda esa majamama desde el Peral con camisa de fuerza, en vez de verlo empotrado en su elegante chaqueta de corte inglés. Así es, mi querido público de la inocencia. Hasta el codo nos metieron la mano por el culo, pero milagro, puta, nadie es culpable huevón. ¡Aleluya por la concha de la lora! ¡Las huevás se hacen solas! Por la mierda, echémonos todos pa´ atrás y pa´ qué seguir hueviando. Chís vah puta la weá. No poh huevón, ándate a la chucha, ¿creís que somos todos pero tan re huevones? ¿Qué no se salva ni uno? A los culpables del transan-tránsfuga: vayan a chuparle la corneta a la conche su madre huevón. En otras partes del mundo los matan a los huevones por cagás que parecen un peo al lado de toda esta mierda. ¿Quién le pagó cuánto a quién para que firmaran los contratos? Eso es lo único que queremos saber, atentamente, muchas gracias. PD: Más revelaciones en una próxima entrega
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