lunes, 17 de mayo de 2010

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Tanto tiempo que no le escribía, don nosecuantito, doña quiensabequien. Qué lástima que estas vacaciones de usted no se hayan prolongado un poco más, digamos, para siempre. Le ilumino esta vez con la siguiente reflexión: ¿qué puede haber más maravilloso que la vida? En este universo material, gobernado por las leyes que todos tratan de deducir, en este planeta que gracias a pelotear en una tercera órbita a la estufa sideral no se quema ni se congela, seamos justos, la vida es lo más bello que puede existir. Increíble una ordenación tan precisa de elementos que permitió la más perfecta sinergia generándose aquella instancia mágica en que por vez primera en este rincón del todo algo pululó, algo se movió no por la corriente y vivió. Luego la vida evolucionó durante 3.500 millones de años para regalarnos a Beethoven, Curie, Neruda, Einstein, y es acá donde se pone tonta la lesera, y usted. Entonces heme aquí, de vuelta a usted, y créame, el hedor le antecede mico, incluso estando detrás de una pantalla. Y es que usted es esa piedra en el zapato, ese fin de semana nublado en la playa, ese rayo de sol que le pega a uno en la cara con la peor caña. Usted es, bueno, irremediablemente usted. El infierno mismo, como decía Sartre, mejor planteado que eso, parece imposible. Sin embargo, para mí hay algo peor que usted. Le temo a la muerte, a no dejar algo, y no me refiero a un kabro shigo, de ésos sobran que parecen moscas. Hablo de no haber aportado en nada a este circo de monos que es la humanidad. Y los aportes realmente importantes y no queriendo mermar las artes o cualquier intento cultural de buena calidad, son los aportes científicos. Piense aunque le cueste, a usted no le va ni le viene que se abra una exposición de Dalí en el Bellas Artes, pero puta, si no encuentra su control remoto es capaz de matar a alguien. Bueno, ese control remoto no sale de los árboles donde usted se balanceaba hace poco. Lo inventó un nerd. O varios. Entonces y como las matemáticas tienden a evadirme -los números me parecen como hormiguitas en peyote- haré mi contribución para el mundo científico con una creación tan increíble como tóxica fue la musa que la inspiró. Tengo entendido que en lenguaje matemático no existe el menos cero. Inspirado hasta la médula por usted y por tener que vivir mi vida a su lado aporto el menos cero, o bien dicho, el -0. No es un conjunto vacío, que es la ausencia de algo y la totalidad de nada, no es cero, que quizás qué cosa sea el cero, ahí entre el uno y el menos uno, para algo servirá. Ahora el -0, puta, esa weá si que no sirve para nada weón. ¿Ah?, ¿le suena conocida la canción?, ¿como que hablaran de usted? Y piénselo, ¿para qué mierda sirve usted? Pero en serio, dejemos de lado los clichés tipo todos somos únicos, o estamos hechos a imagen del creador. A la cresta. La dura weón, con una mano en el corazón, usted excremento no sirve para nada. Al contrario, puro merma el medio ambiente, puro se come la comida que a otros falta, puro se reproduce como conejo en celo, puro es infinita e indefectiblemente usted. Sí señor, sí señora, ustedes son el -0, mi legado. Una singularidad matemática que está matando al planeta, una aberración inconcebible. Y no le hablo al cura a quien se le pone dura cuando da de comulgar a esas guachas que se arreglan toda la mañana y el pobre hombre con una minaza arrodillada y él metiéndole una cosa blanca en la boca. No es por ser freudiano. Le hablo al cura asqueroso que manosea kabros shigos. Le hablo al que se queja del aire pero prende su chimenea y maneja con restricción. Le hablo al que bota basura en la calle. Le hablo al que se cola en la fila y al que le pega a los animales. Le hablo a usted, -0.
Dedicado a mi vecino nuevo a quien he saludado tres veces y el weón se hace el loco no sé por qué.

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